El equilibrio está sobrevalorado

Si las decisiones importantes que tomamos y que generan cambios increíbles en nuestra vida, vienen de la mano de situaciones habitualmente extremas, ¿por qué siempre vamos con eso de: “en el punto medio está la virtud”?

Ah, claro! ya sé...supongo que es porque lidiar con la intensidad, no es la opción más sencilla.

 

Lo contrario del equilibrio no es el desequilibrio,

es no asomarse de vez en cuando a los extremos para saber si queremos más o nos retiramos de la partida.

 

¿Te suenan frases del tipo “eres demasiado exigente, rebelde, impulsivo”, “demasiado optimista, soñadora, perseverante, activo”... demasiado esto, demasiado aquello...buff! Qué pereza escuchar tanta censura para todo.

 

¿Qué tal si cada uno de nosotros nos permitimos ser demasiado de eso que nos hace únicos, y en esos extremos compartimos nuestras pasiones? ¿Qué tal si a mi, que me encanta el salado y el rock, me llevas una tarde de dulces y pop? ¿Por qué no me cuentas cuáles son tus poetas preferidos de la Generación del 27, y yo te cuento cual es el último libro interesante que me he leído de Management y ventas? ¿Y si me das un poco de tu Norte y a cambio prometo regalarte mucho de mi Sur?

 

Crecemos con tanta medida en todo a nuestro alrededor, que se nos ha olvidado qué es lo que nos hace vibrar. Y te aseguro que vibrar no es pasar más de media vida en la rueda del hámster coleccionando días idénticos, con idénticas conversaciones, rutinas, horarios o círculos profesionales o sociales idénticos. Si somos quienes somos por lo que vivimos y por las personas con las que interactuamos, entonces hagámoslo con sentido, con desmesura, y con el propósito de enriquecer nuestros entornos. 

 

Excédete con la precisión de un fonambulista sobre su cuerda, disfrutando del riesgo desde una preparación y una responsabilidad absoluta.

Elige tres o cuatro cosas que te apasionen y llévatelas al demasiado...demasiada música, demasiado deporte, demasiada calma, demasiado mar, demasiada lectura, demasiado amor…

 

 

Si resuena dentro de ti, nunca será demasiado.

 

¿Eres de los que piden perdón, o de los que piden permiso? ¿De los que en las encuestas marcan la casilla del centro, o de los que se posicionan? ¿De los que disfrutan de un concierto en primera fila o en gradas, o de los que se quedan en el centro sobreviviendo a las masas? ¿Eres foco, sientes que nadie te ve, o prefieres que no se te vea?.

Obviamente no hay respuestas mejores o peores, correctas o incorrectas, pero sin duda, hay que saber dónde estamos y dónde aspiramos a estar, y para esto, hay que salir un poco del punto muerto.

 

Vivir la vida con intensidad es un deporte de riesgo, lo sé, pero es que eso de que en el punto medio está la virtud...resulta aburrido, tedioso y cero enriquecedor. No podemos permanecer permanentemente en los extremos, es cierto. Pero pasar demasiado tiempo lejos de ellos, le resta pasión a tus días, y sin pasión, sólo viviríamos a medias.

 

Las vacaciones son un buen momento para excedernos en aquello  que nos hace vibrar. Eso que sabes que está muy cerquita de unos límites puestos o autoimpuestos, y que no tendrá daños colaterales irreversibles. Olvida que se come de 13.30h a 14.30h, que los helados tienen muchas calorías o qué hay que hacer la digestión antes de volverte a zambullir en la piscina o el mar.

Y lo más importante...quédate con algunos de tus excesos preferidos, para practicarlos también de vez en cuando una vez finalicen estos días de relax.

 

Que la vida te pille viviendo con intensidad!

 

Que de equilibrio, puntos medios y virtudes, el camino está a rebosar.

 

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