El aplauso fácil: por qué un speaker que solo “entretiene” no te sirve

Hay dos tipos de aplauso. Y aprender a distinguirlos te puede ahorrar mucho dinero.

Está el aplauso de “qué bien me lo he pasado”. El del monologuista, el del espectáculo, el de la mañana entretenida. Es un aplauso sincero, caluroso, agradable. Y se apaga en el aparcamiento.

Y está el otro. El aplauso de “esto me ha removido algo”. El que va más callado a veces, más para dentro, el de la persona que sale de la sala dándole vueltas a una idea que no tenía cuando entró. Ese aplauso se escucha menos. Pero dura meses.

Como conferenciante, te confieso una cosa: el primer aplauso es mucho más fácil de conseguir que el segundo.

Y hoy quiero contarte por qué deberías desconfiar del fácil.

La trampa del entretenimiento

Entretener a una sala es una habilidad, no te voy a engañar. Tiene su mérito. Pero es una habilidad peligrosa cuando se convierte en el único objetivo.

Porque el entretenimiento puro es adictivo y engañoso. En el momento parece que ha funcionado de maravilla: la gente ríe, la energía está altísima, las valoraciones del evento salen estupendas. Tú, que has organizado, quedas como un rey.

Pero a las dos semanas preguntas a tu equipo qué se llevaron de aquella charla tan divertida, y se hace un silencio. “Pues… estuvo muy bien, ¿no? Nos reímos mucho”. Y poco más. Porque el entretenimiento entra fácil y sale igual de fácil. No deja poso. No cambia una conducta. No hace que mañana se venda distinto.

Has pagado por un resultado y te has llevado un buen recuerdo. No es lo mismo.

Por qué tu equipo merece incomodarse un poco

El cambio de verdad nunca es del todo cómodo. Y esto es importante que lo entiendas como líder.

Para que una persona cambie cómo vende, primero tiene que ver algo que no veía. Y a veces eso pica un poco. Darte cuenta de que llevas años recetando “paracetamol” a tus clientes, de que tu miedo al precio te está costando dinero, de que el “no” que te dieron no era por lo que tú creías… eso no es solo agradable. Es revelador, que es otra cosa.

Una charla que solo busca el aplauso fácil nunca va a ir ahí. Porque ir ahí tiene un punto de riesgo, de remover, de no quedar simplemente “simpático”. El que solo quiere gustar evita la incomodidad como sea.

Pero es justo en esa pequeña incomodidad donde vive el aprendizaje. Donde tu equipo, en lugar de pasárselo bien, se lleva algo. Yo no busco que una sala salga solo encantada conmigo. Busco que salga pensando distinto, aunque para eso tenga que ponerles, con cariño y con respeto, frente a alguna verdad que llevaban tiempo esquivando.

Emoción, sí. Risas, también, muchas. Pero al servicio de una idea que transforme, no como fin en sí mismas.

Cómo saber qué estás comprando

Entonces, ¿cómo distingues, antes de contratar, si vas a recibir entretenimiento o transformación?

Fíjate en de qué te habla el conferenciante. Si todo gira en torno a lo bien que se lo pasa la gente, a la energía, al show, ya sabes. Si te habla de qué van a aprender, de qué van a cambiar, de qué se van a llevar a la calle, estás ante otra cosa.

El entretenimiento se promete con adjetivos: divertido, energético, espectacular. La transformación se promete con verbos: van a entender, van a aplicar, van a vender distinto.

Escucha los verbos. Ahí está la diferencia entre un dinero gastado y un dinero invertido.

Porque el aplauso fácil es gratis. Y por eso, muchas veces, no vale nada.

¿Hablamos?

Si quieres llevar esto a tu equipo, cuéntame y vemos cómo hacerlo realidad.

👉 Hablemos

Feliz día y feliz venta,

Inés Torremocha

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